Creo que es totalmente necesario un pacto por la educación en España. Es absurdo lo que está pasando durante los últimos años, por culpa de intereses de partido (y si me apuras, hasta de clase). Hay que apelar a la responsabilidad de los políticos para que dicho pacto sea posible. Nosotros debemos aportar el sentido pedagógico y educativo al mismo. Los políticos, en última instancia, se mueven por intereses económicos. Hay que convencerlos de que el sistema debe procurar formar ciudadanos, crear personas interesadas por el aprendizaje, por el trabajo bien hecho, por la mejora de la sociedad en la que viven y de la cual participan. El sistema educativo debe ser compensatorio, respetuoso con las capacidades individuales, con los diferentes ritmos de aprendizaje. El sistema educativo debe centrar sus esfuerzos en la formación del profesorado, un profesorado con suficientes recursos, dominador de las nuevas tecnologias, capaz de crear materiales de aprendizaje con sus propios compañeros y abierto a la participación de los alumnos. La escuela debe utilizar la realidad como fuente de información del currículum y debe estar abierta a la cumunidad educativa. Pero, para ello, la etapa obligatoria (también las otras, pero sobre todo la obligatoria) debe centrarse en el desarrollo de metodologías abiertas, en proporcionar recursos para el aprendizaje y dejar en un segundo plano, quizá para los dos últimos cursos, el carácter sancionador y clasificatorio. Si queremos proporcionar una educación y una formación deseadas y queridas por los alumnos y alumnas, no podemos obligarles a ir a la escuela, para empezar, desde el primer momento, a exigirles unos niveles determinados y con unas metodologías que lo que provocan es el rechazo generalizado a la escuela (ni siquiera a los buenos alumnos les gustan los deberes ni estudiar). Para aprender, hay que estudiar y trabajar duro, pero estudiar y trabajar duro no puede ser sinónimo de aburrimiento y "sinsentido". Cuando el alumno (todo alumno) está interesado en lo que hace, no tiene problemas para esforzarse y echar las horas que hagan falta. Por tanto, no es la falta de interés, es la equivocada finalidad segregadora del sistema (que propicia y alimenta una pésima metodología) lo que hace que los alumnos y alumnas rechacen la escuela.